Alumnas de Bachillerato: “Nunca la distancia física nos había unido tanto”

Alumnas de Bachillerato escriben al inicio del tiempo de confinamiento sobre lo que estamos viviendo y las consecuencias que están teniendo en sus vidas. Publicamos dos, ambas empiezan desde la reflexión “Nunca la distancia física nos había unido tanto”:

Reflexión de Blanca del Campo:

El miércoles, tercer día de cuarentena, propusieron por un grupo la iniciativa de definir este momento con una sola palabra y brotaban términos como: fortaleza, resistir, interioridad, oración, tiempo, servir, aprovechar… yo ofrecí“concienciación”.
Las personas necesitan personas, y esto lo aprendí hace tiempo, aunque a veces se me olvida.

Sin las personas sentimos que no somos nadie, y esa es nuestra maravillosa vulnerabilidad como especie.

Se nos plantea una situación surrealista, todos los humanos suponen un peligro entre ellos, lo que lleva a la necesidad de cortar todo tipo de relación o contacto físico.

Esta pandemia nos hace ver que no somos tan fuertes como creemos, todos somos vulnerables.

Puede que una de las mayores dificultades del coronavirus sea que hay que pensar más en los demás que en uno mismo.

Hay silencio en las calles. Ahora observamos, pensamos en los demás, en nosotros mismos, en Dios, nos cuestionamos el sentido de la vida.

Desde que se comenzó a plantear la idea del aislamiento en España, estaba segura de que esto era una lección.

Lo primero que se me vino a la cabeza fue: ¿Es una coincidencia que sea cuaresma? Se nos exige una cuarentena, la primera la pasó Él, sólo, en el desierto.

¿Y si cuando volvamos, todo ha sido una enseñanza?

Quizás los pulmones de la Tierra necesitaban respirar,
Las personas odiaban más que amaban,
El padre necesitaba pasar tiempo con los hijos,
El futbolista era más reconocido que el sanitario,
Los jóvenes vivían estresados,
Los adultos pensaban que el dinero compraba la felicidad.

Y si conseguimos darnos cuenta de que se puede vivir sin sobreproducción o que el tráfico masivo no tiene por qué convertirse en algo natural en nuestro paisaje.

Si nos detenemos a valorar a la familia y amigos, abrazos y besos.

Si preferimos pasar la noche charlando con un viejo compañero, un perol, una cena o un recreo, a una fiesta donde todos parecen inconscientes y donde la música a todo volumen impide comunicarse.

Esta situación enseña a desayunar lento, ducharse sintiendo el agua, a querer y a relativizar. Descubriremos la riqueza de nuestro planeta y que la verdadera enfermedad es nuestra actitud.

Aprenderemos a convivir, a mirar por los demás antes de realizar cualquier acción, a apreciar a nuestros vecinos.

Ahora hacemos comunidad en la distancia, aplaudimos en los balcones a los verdaderos héroes. Ahora los cincos continentes luchan ante un mismo peligro.

¿Y si la humanidad se transforma?

Y a partir de este momento todos sentimos la necesidad servir y dar consuelo.

Ojalá esta cuaresma la vivamos con alegría de pasar tiempo en casa, en familia, de saber estar con uno mismo, de tener la unidad en España que tanta falta nos hace, de rezar no por mí si no por los demás, y que volvamos, después del tiempo necesario, completamente renovados.

Estoy convencida de que esto nos está haciendo de nuevo humanos.

Reflexión de Irene Aparicio

Hoy miro nuestra situación aquí, en casa, sin poder salir más que para realizar una pequeña compra a la farmacia o al súper y aún no me lo creo. Ya hace una semana después de que todo este caos de confinamiento empezara y pienso que estoy soñando, teniendo una pesadilla. No puedo abrazar a mis amigas, no puedo ir a entrenar, ni tan siquiera puedo darle un beso a mi madre. Realmente la situación me preocupa y asusta.

Sin embargo, los seres humanos una vez más estamos superando nuestros límites y demostrando lo fuertes que nos hacen todas las adversidades. A las 20.00 h sales al balcón y solo escuchas aplausos, aplausos de agradecimiento, de relevancia y de admiración a todos esos médicos que están luchando. Todos los días puedo ver como bloques de vecinos enteros cantan canciones conjuntas sin apenas conocerse, a voz en grito, divirtiéndose en el marco de dificultad que estamos p asando.

Verdaderamente creo que la distancia física y el aislamiento nunca nos había unid o tanto, entre otras cosas, porque gracias a las redes sociales podemos tener contacto entre nosotros de forma virtual. Además veo que esta situación nos está haciendo más humanos siendo más generosos y amables con el desconocido, que ya no lo es tanto. Ayer bajé a tirar la basura y vi un pequeño cartel de una vecina que se ofrecía para sacar al perro, ir a comprar o hacer cualquier gestión de forma desinteresada. ¡Eso si que es empatía!

Sin ninguna duda esto será algo único e inolvidable en nuestras vidas. Nos va a hacer reflexionar para ser mejor personas, para cuidar los unos de los otros y para estar más unidos que nunca.

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